En la prehistoria lo que interesaba era comer todo lo que pudiéramos en los periodos de vacas gordas, porque las vacas flacas estaban a la vuelta de la esquina.

Estar gord@ era muy deseable pues mejoraba las posibilidades de supervivencia.

Por lo cual, el cerebro adoptó mecanismos para que comiéramos hasta reventar (como retrasar la señal de no más necesidad de comida 20 minutos, para que sigas dándole al asunto). Incluso después de saciados, si se tenía acceso a un tipo de alimento nuevo, hacía que el hambre volviera aparecer para que siguiéramos comiendo (tras un festín, un postre dulce siempre es bienvenido) y además, el coco se inventó la pereza para que no gastáramos energía de forma descontrolada. Este funcionamiento era muy adecuado en esa época, pues la comida era un bien escaso (no engordaban mucho). Todos los animales actúan así (ninguno quiere hacer dieta)

La alimentación es regida por las partes más antiguas de nuestro cerebro, las emocionales.

¿Qué quiere decir eso? Pues que lo que nos pide el cuerpo es comer para ganar peso, a alimentos más grasos y dulces mejor (bien de calorías) y encima, eso de hacer ejercicio no le hace mucha gracia.

Al tratarse de un comportamiento emocional, nos dificulta el poder manejarlo desde la razón y el autocontrol.

Las consecuencias de un atracón se ven después, cuando estamos tranquilos y ya no nos domina la emoción.

Y como buen comportamiento emocional, es susceptible de complicarlo todo. La comida es un comodín, sirve para todo:

Para castigar: el niño que no come por tocarle las narices a sus padres.

Para castigarte: por lo que sea, engordando en exceso o dejando de comer.

Para premiarte: a joder dieta si estas de celebración.

Para automedicarte: otro mecanismo cerebral para que comamos es que produce placer, te deja bien. Por lo cual muchas personas lo utilizan para tratarse el malestar “comer por ansiedad”.

Por neuroticismos: si ganas peso mal y si pierdes mucho también. Especialmente en la mujer la presión sobre la imagen corporal es sufrida desde la infancia, “más emoción negativa para liarla”

Las ganancias o pérdidas de peso extremas suelen ser un síntoma que hay algo en la vida de la persona que no va del todo bien.

Hasta tal punto es difícil de manejar, que los publicistas le sacan partido para hacer su trabajo. Cuando se dirigen a público adulto (con los niños van otros derroteros) solo tienen que poner imágenes de alientos para que se activen los mecanismos emocionales de la alimentación, (siempre buscan el componente emocional, con el puchero lo tienen muy fácil). De hecho, en la tele: 

Hay más anuncios de comida que del resto de productos. El año pasado, solo dos meses fue superado por “estética e higiene”, por algo será…

Tradicionalmente iban dirigidos a mujeres. Ahora el cambio en la sociedad y la aparición de la comida rápida ha hecho que hombres empiecen a salir en los spots, pero aun así, fijaos si sale algún hombre cuando se publicita productos que engordan poco o son dietéticos… no sale ni uno (ale, más presión y neuroticismo para la mujer).

Para no ganar peso es necesario estar muy encima, pues estamos programados para engordar (según la genética personal más o menos rápido). Si te descuidas, la parte antigua del coco hará que te cebes. Eso si estás bien (sin muchos nervios). Si existe malestar en tu vida, el intentar disminuir el aporte calórico te va a hacer sentir peor (es bastante incomodo), además sabes que picoteando (o atracándote) se pasa, ese sufrimiento y el que tenías de antes, porque después de la ingesta se liberan neurotransmisores en el cerebro que te dejan feliz, a gusto y tranquilo… un ratico, después se van los neurotransmisores, se va la paz y te das cuenta que te has pasado de zampar, te sientes mal, tus problemas siguen ahí y estas peor que antes (lo mismo pasa con las adicciones a las drogas).

Acudir a un@ nutricionista para que nos de pautas es una buena idea, porque facilita el control racional de la ingesta, acudir a un psicólog@ te puede ayudar a mejorar el control emocional.

Categorías: ALIMENTACIÓN

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