Las emociones tienen conductas (y reacciones físicas y estilos de pensamiento) específicas para cada una de ellas: si estás enfadad@, alzarás la voz o atacarás…Si estás feliz serás más social y dispuesto a experimentar…Con el miedo te paralizas o huyes… Con la sorpresa la atención se va a lo sorpresivo, con el asco… con la vergüenza… con…

De la mano de la tristeza va la inactividad (pérdida de interés por todo), la apática social (no se desea estar con otras personas) y desesperanza (pensamientos negativos). Eso es lo que pide la tristeza y si satisfacemos sus demandas hacemos que se haga más grande, es como darle de comer. Cada vez tendremos menos fuerza para hacer cosas o estar con gente y seremos más negativos porque cada vez estaremos más tristes y como estamos más tristes no saldremos de la cama, no querremos ver a nadie, creeremos que nada tiene solución y nuestro cuerpo (ni duermes, ni comes, ni…) y cerebro (lo que viene a la cabeza es muy dañino) se vuelven contra uno mismo… este el ciclo de la depresión, una espiral que te lleva al fondo del abismo.

Cuando padecemos una  enfermedad no somos conscientes pero estamos deprimimos (es una buena forma de no contagiar a los demás, ya que apetece poco de estar por ahí), cuando fallece un ser querido la tristeza surge como lo que se ha venido a llamar duelo (un proceso donde nos hacemos a un lado para recomponernos y adaptarnos a la situación actual)…

La tristeza nos permite tomar consciencia de las cosas y de la necesidad de hacer cambios, facilita resituarnos en la vida , nos sirve para pedir ayuda, nos aparta del mundo para que otras emociones, como la ira, no lo compliquen más.  Es una emoción, aunque desagradable, necesaria para la supervivencia humana.

Surge cuando nos pasan cosas negativas (que afectan las áreas que vivimos como importantes), la intensidad y duración dependerá de la crudeza y cantidad de acontecimientos negativos, que serán moduladas por nuestra forma de enfrentarlos a ellos. Pero lo cierto es que no se puede estar bien si la vida te da reveses.

En un trastorno depresivo, no siempre los acontecimientos desencadenantes de la tristeza son los que la perpetúan, pues la inactividad, apatía y desesperanza se hacen tan grandes que son capaces de mantener el trastorno sin necesidad ya de un contexto adverso.

Toda persona que ha desarrollado una depresión ha tenido sus motivos de inicio y mantenimiento. Independientemente del desencadenante, la simple forma de pensar, contaminada por la tristeza, puede ser suficiente para perpetuar la crisis y la inactividad y apatía no andarán muy lejos.

Existen factores que predisponen o nos hacen más vulnerables a padecer este trastorno. No voy a entrar a definirlos, se puede decir que son factores biológicos, psicológicos y relacionales… Pero todo el mundo se deprime (estar triste), es normal. Y si la vida ha sido muy dura contigo, con la intensidad y duración suficiente, también es normal que se desarrolle una depresión. No tienen nada que ver con ser fuerte o débil, aunque desde fuera no se entienda porque la persona deprimida lo está, cuando dicen “no puedo”, es cierto.

Si sientes que nada te hace disfrutar como antes, no tienes fuerzas ni ánimo para hacer cosas. Has perdido mucho peso o lo has ganado. No te levantarías de la cama por las mañanas (o no consigues levantarte), no duermes o duermes demasiado. Estás triste la mayor parte del día, la mayor parte de los días. Piensas cosas terribles sobre ti mism@. No ves salida a la situación en la que te encuentras o peor, la única que ves es dejar este mundo para dejar de sufrir… si es así, necesitas hablar con un profesional de la salud mental. Es posible que creas de verdad todo lo que dice tu cabeza, pero lo que no sabes es que tu cabeza te está engañando.

Categorías: DEPRESIÓN

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