Si es así lo tienes muy fácil: sólo tienes que ser muy autoexigente y criticarte por lo que según tú no haces bien o por tu apariencia física o por tu personalidad o tu comportamiento o por… Ese es el camino para pasarlo mal y es como empiezan  a forjarse los trastornos psicológicos.

Nos criticamos porque no aceptamos algún aspecto de nosotros mismos y a mayor autocritica menor aceptación, por lo cual, mayor autoexigencia para cambiar lo que nos disgusta, lo que genera cada vez una mayor autocrítica y menor aceptación y mayor autoexigencia… esto es como una bola de nieve que cada vez se hace más grande.

Si te tomas el trabajo demasiado en serio: te autoexigirás y te criticarás si las cosas no salen como te gustaría (si la autoexigencia es muy elevada no valorarás tus logros).  La autocrítica nos desvaloriza, por lo que nos enfrentamos a los retos del día a día en nuestras peores condiciones. Es más probable que cometamos errores si no confiamos en nosotros mismos, con lo que, inevitablemente tendremos más ocasiones para criticarnos. ¿Ve el juego? Cometo errores porque me crítico y me crítico si cometo errores. Para mejorar en el trabajo primero hay que fijarnos en lo que hacemos bien.

Si no aceptamos nuestra timidez, nos criticaremos por serlo y nos exigiremos cambiar… y  ¿qué pasará cuando estemos expuestos a los demás mientras nos decimos a nosotros mismos que somos unos “bichos raros” por ser tímidos? Con esa idea en la cabeza (y otras peores, el cerebro es un experto en el “automachaque”) no es posible relacionarse de forma adecuada, con lo cual, la autocrítica por relacionarse “mal” aumenta, aumenta la exigencia de cambio y por supuesto la no aceptación de la timidez, que curiosamente se ha hecho más grande… Para vencer la timidez primero hay que aceptar que está ahí.

Quien tenga sobrepeso y se torture por su talla lo va a tener difícil para adelgazar, pues la autoexigencia y autocrítica genera ansiedad y ¿adivina cómo se baja la ansiedad? Comiendo.

Alguien con ansiedad elevada que se exija estar tranquilo…se va a poner ansioso.

Quien no acepte algún hecho doloroso e irresoluble de su vida…se quedará atrapado en el dolor.

¿Cómo voy a mejorar si no me digo lo que hago o tengo mal? No es lo mismo exigirnos cambiar que preferir cambiar. No es lo mismo decirnos “tengo que…” a “me gustaría…” “prefiero…” la intención de cambio está presente,  pero en una sola expresión aparece la autoexiegencia. ¿Cuántas veces al día nos decimos “tengo que…”?

Todos, absolutamente todos, tenemos un “crítico interior” que nos machaca y ¿saben dónde suele tener más fuerza? En aquellas áreas de nosotros mismos que no aceptamos y nos exigimos cambiar.

Es muy saludable aprender a no hacer caso a esa voz que nos susurra lo malos, feos o tontos que somos, porque para empezar no es verdad lo que dice, porque nos hace daño y curiosamente es lo que nos impide mejorar.

Categorías: Autoestima

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